Dibujos animados

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domingo, 20 de mayo de 2012

Festejemos

A Mercedes Gomez de la Cruz
-nuestra Sor Juana del presente-

No quiero pálidas esta noche
solo dame fernet con coca
y un poco bastante de comida
no importan los excesos
mucha mucha fiesta
hasta perderme del pedo
y olvidarlo todo
el epiplón cancérigeno
el mes y medio de vida
tu vejiga tomada
esto entre las piernas
todo
no me interesa tampoco
que hablemos del niño por venir
que nada diga nada
solo dame fernet con coca
que quiero olvidarlo
olvidarte en lo posible
que solo haya música
y baile y descontrol
que si están los caretas
o los gringos con plata
o las señoras degaretos
les escupamos las caras
y nos digan que somos los negritos borrachos de siempre
y después larguen chismes por el pueblo este de mierda
que nos sentemos en Carola quiero
el único bar de esta ciudad
pueblo-ciudad

el único
y nos descontrolemos burlándonos de todos
gritando cosas horribles que las morales estas puritanas con alajas no soporten
incluso esos chongos ahí
que se hacen los machos mientras desean el falo de los amigos
esos pelotudos
que hacen de sus biblias la gran biblia de la buena conducta

en este interior alejado de la gran cabeza del mundo

acá
nos hagamos los raritos
aunque sea una noche
solo dame fernet con coca
y vas a ver

eso
fernet con coca
y vas a ver cómo
por un ratito
al costado de la ruta

cambio el mundo.

Acontecimiento

Fue así
como si al abrir los ojos
todos hubieran muerto
y sus historias
      tus historias
con ellos también

No había ni sol
ni luna
ni llovizna
solo cadáveres
que eran también partes tuyas
apilados ahí
en vos

Y tampoco era un sueño
ni siquiera una imagen
ni siquiera la realidad
era. 

lunes, 14 de mayo de 2012

El simulacro de editor

A Mariana, Irina, Javi y Rafael
Leo la nota de Osvaldo Aguirre del primer domingo de mayo. Al parecer, habría, según sus  palabras, una tendencia rosarina a premiar y editar obras que no sean "tan experimentales", debido a un miedo a la ilegibilidad, al riesgo que supondría para el emprendimiento editorial hallar lectores (en pocas palabras: vender). Aguirre sostenía que, por eso mismo, generalmente los primeros premios del Concurso Municipal no son los mejores, si no los segundos u otros. Al mismo tiempo, escucho la nota que REP le hace a Spregelburd en "El holograma y la anchoa". Spregelburd es categórico: "sin experimentación no hay arte". Una coincidencia extraña comienza a configurarse de golpe. 
A principios de año, cierto editor planteó que no publicaría Machos de campo por el carácter demasiado experimental de un último cuento que, de alguna manera, tensionaba la forma y le daba un giro novelístico a todo el libro, como en Los desterrados de Horacio Quiroga. Pero que, además, esa especie de chat en bruto que se desplegaba allí, era como muy muy "experimental". Ok, tenés razón. ¿Qué más podía decirle? Agregué, eso sí, que con los criterios editoriales no me meto. Si no querés publicarlo por experimental, no lo hagas; pero me parece un exceso y no entiendo bien a qué te referís con esa categoría. Sin embargo, estos días -a esto no se lo conté al Niño C todavía y lo hago ahora usándole el espacio del blog- reparé en que sí tenía ganas de meterme. Y aquí estamos. 
En Zonas ciegas, Graciela Montaldo habla de experimentos culturales en el sentido de ejecuciones o de dispositivos que provocan efectos más allá del campo en el que fueron pensados. Tal vez, pensé, un libro con una temática gay (y por tanto urbana) en un ambiente rural, en el campo, llevando al extremo una tematización que ya comienza a configurarse en Moreira (tanto de Gutiérrez como de Aira) y que está barrosamente expuesta en Alambres, de Perlongher, hayan, de alguna manera, afectado la sensibilidad del editor y, sumado, es cierto, a esa especie de puesta en tela de juicio de los géneros, paradojalmente tan quirogueana, lo hayan ahuyentado. ¿Cómo presentar y hacerle digerible a un lector rosarino esas dos coordenadas? Pienso que fue eso lo que se le cruzó por la cabeza. Digamos, la imposibilidad de asumir un riesgo en la edición. Sobre todo por lo que esgrimió como argumento: -Me parece que tiene un alto valor literario el libro; PERO... (Sería bueno releer Dejen todo en mis manos de Levrero al respecto). 
Más allá de que todavía no alcanzo a comprender su idea de experimental, sí me parece que una cierta insistencia en entrevistas y notas que el editor pregona, la de editar autores "reconocidos", viene a reponer bastante el estado de la cuestión. Digamos: cero riesgo, por tanto, cero experimentación, por tanto, cero intervención en el mercado editorial, por tanto, reproducción, por tanto, catálogo vendible, por tanto, chapeo. En fin, ese perfil, el del editor anti-experimental que se configuró de golpe, hizo aún más nítida la característica de su contrario. Por ejemplo, la de ese Achaval Solo que Aira construye en La nueva vida; es decir, un editor auténtico -no un simulacro de editor- que asume el riesgo de publicar a un autor nuevo, desconocido, a pesar de que tenga que luchar con el paso del tiempo y con la historia del mercado editorial misma, de los cuales, sin embargo,  sale indemne persistiendo en su idea por creer en la potencialidad del texto del autor y de su valor literario - a pesar de/con sus imposibilidades materiales para ejecutar dicha tarea. En cambio, el simulacro de editor no puede más que escudarse en reproducir un catálogo de estrellitas reconocidas y moverse, así, esgrimiendo con orgullo y con el pecho insuflado el placer de haber editado a tal; pero nunca a su obra, nunca a su texto, si no a la firma que puede mercadear simbólica y económicamente en su espacio  de interacción. Al contrario de lo que supone el arte para Baudelaire; es decir, un camino hacia lo desconocido, él asume su rol de simulacro y se condena a la publicación  de lo cristalizado por una legibilidad pacata y, por lo tanto, del no arte. 

viernes, 11 de mayo de 2012

Tratamiento para el dolor

Abuelito nunca quiso ir al médico porque según él, nunca le curaba nada. Al contrario, decía, con insistencia, que el médico no podía hacer nada nunca, que se curaba solo. El día que tuvo que ir al médico, este ya no pudo hacer nada.  Las úlceras le recorren el tracto digestivo, el carcinoma está en un estado avanzado. No hay nada que hacer. Entonces, si abuelito pudo confirmar la primera parte del pronóstico, tal vez la segunda, nunca la confirme. En fin, cosas que anoto ahora, para tratar de hacer más visible eso que acaba de suceder. Un avatar más de nuestros cánceres. Uno más. Nunca el definitivo y siempre reconfirmando el pronóstico de abuelito. Nunca hay algo por hacer. Cuando el cáncer es, es y punto. Ahora todo se reduce a un buen tratamiento para el dolor. ¿Y del nuestro, quién se ocupará? Nadie. Para eso, el médico no tiene nada que hacer. Tampoco.

sábado, 5 de mayo de 2012

No cuenten conmigo para las líneas rectas (perfectas y sublimes).

 Para Irina Garbatzky,
cuyas charlas hicieron precisar aún más el camino.

Ciertamente. Una vez, una jurado [y periodista] de concurso literario, le dijo al Niño C que sus cuentos temblaban, que perdían en un momento el punto de vista del personaje, como si ahí se hiciera evidente una pérdida de su voz o su artificialidad extrema,  y que su operación literaria se sostenía en el columpio de una telaraña a punto de cortarse. Por eso, sus cuentos eran horribles, "técnicamente deficientes". Claro. Nos decíamos. Me decía el Niño C. Lo que denotaba esa valoración banal de la jueza (o mejor dicho, de la policía literaria que va en busca de la tecniquería con toda su superstición, a diferencia de una lectura abierta a la literatura en tanto espacio de posibilidades como la de Irina Garbatzky) era un profundo olvido de todos los acontecimientos literarios que habían mutado las formas de narrar en la tadición literaria argentina, por lo menos, desde los '70 (y un poquito antes también). Olvidaba las desarticulaciones del punto de vista que Osvaldo Lamborghini, Luis Gusmán y el propio César Aira habían promovido desde entonces. El primero, mediante una estética del choque que nos sumergía adentro-afuera de las voces narrativas, bajo la impresión de una "cosa gorda redonda" que salía y se metía en las voces de los personajes, intercalándolas con los puntos de vista de uno o varios narradores que parecían actuar, por ejemplo en el Fiord, bajo la mirada y la voz de un voyeurista sádico (¿el autor, el lector? ¿quién sabe? ¿e importa?). El segundo en esa proliferación de cadenas orales que reproducen un jadeo en la sintaxis, haciéndonos participar de la dualidad de un mundo repartido en las cuentas de vidrio de un frasquito destrozado. Y el tercero, dando saltos en la narración desde Moreira mismo, pero sobre todo en Emma, la cautiva, siguiendo y desestabilizando las construcciones de voces narrativas que Manuel Puig había consolidado como empalmes cinematográficos poco antes y recordándonos (algo que la jueza olvidaba) que el verdadero arte es un error en proceso pleno, que abdica de sus resultados, porque solo allí una experiencia auténtica es posible. Todos ellos, tensando la verosimilitud de sus cuentos precisamente a partir de una voz que no ocultaba el artificio, que se mostraba como tal, y que, por lo tanto, solo arriesgando la posibilidad de la creencia en su propia verosimilitud, especulaban una de las formas de la verdad en el arte (desplazando la verosimilitud identificatoria del populismo literario que se había consolidado desde Martín Fierro bajo el uso disfrazado de una voz). La auténtica forma de la verdad en el arte es su riesgo, su tensión, su puesta en tela de juicio de cualquier tecniquería. Y más acá, acontecieron esas otras dos Bestias narrativas que continuaron y desarticularon el camino, Benesdra y Cucurto, que desestabilizaron las divisiones tajantes entre autor-personaje-narrador, a través de la presencia fantasmática de una especie de Bestia narrativa que se presentifica siempre en la/s voz/ces del/los relato/s eclipsando la posibilidad de localización de un espacio lleno del sentido, cortando la simplificación banal de la mera autobiografía o de la ficción extrema. Por eso, no cuenten conmigo para volver a la línea recta de otra tradición más clásica. Porque el Niño C no escribe en la temporalidad tradicional del corte vanguardista. El Niño C se hace cargo del pasado para filtrarlo en el presente y hacerle vaticinar un futuro a través de su tránsito. Y de esa manera cree desesperadamente eso que Daniel Galera, en la novela Cordilheira manifiesta/descubre a través de los personajes: que la vida tiene que contaminarse de más literatura, que la única manera de hacer soportable el mundo es literaturizándolo, que uno tiene que empezar a vivir como los personajes de la literatura. Por eso, Wachiturro es mi hijo no convencional; por eso, además, no se puede mantener una posición rígida en la narración ya, porque se hace insostenible la división entre el arte y la vida y en esto sí, es un heredero de las vanguardias históricas.

sábado, 28 de abril de 2012

Autoayuda callejera



A los chicos del Clubeditorial RioParana

Fue la mañana cuando la lluvia
hasta los pies sobre los adoquines
ni la parada nos cubría
no
y el cole

allá adelante
dejó a un tipo y ni pelotas
a las señas y a los gritos
con el bolsito revoleado
y nos seguimos mojando
¿porque el día así lo quiere

seguiremos en la esquina
aunque no
el viejito desdentado
medio onírico o real
el frío nubla todo
el frío cruel de un abril partiendo
el Frío
que comprime hasta el delirio

tal vez él
lo hacía tambalearse
con su camperita sesentosa
esos lentes de botella
tal vez

el Frío
lo hacía tartamudear
y lanzar
así como si nada
en hirientes espléndidas profundas
sabidurías
esas que los años
sus ochenta y cuatro declarados
esas

que a medida que pasa el tiempo
-bajo muchas lluvias y fríos como estos
uno tiene que aprender a saborear menos deseos
eso
porque así empezamos (o terminamos de
decían
en plena decadencia
a valorar lo poco

lo poco que juntamos
incluso hasta cuando tenemos un cáncer

tan terminal
¿viste
hasta ahí
la buena onda
eso

la buena
la onda buena
puede sobrevivir o sobrevivirnos
y allí iremos donde mi nietito recién nacido
y entonces
nuestros oídos estupefactos
y la Bestia descontrolada
que buscaba sus cuadernos
y esto que ahora
tal vez

ahora
sea
en todo lo demás
la genealogía de nuestros cánceres
o la cura a 
la tía dejándose morir en la ortopédica
abuelito con su epiplón invasivo
y la má y el pá y el otro tío
y vos
tal vez vos
o él
o los suyos
como resignificados
por la palabra mojada
en la lluvia y en la vejez de una voz que se desgasta.

(Acabamos de subir al 153 (por el) que nunca perderemos). 

miércoles, 25 de abril de 2012

Pobreza y cáncer

La ensalzada diosa Pobreza
que  aman los misericordiosos
y que defienden como valor supremo las escrituras
o que identifican como pueblo los correctísimos
es tan perversa como un Dios:
por ejemplo
si tomás agua de un aljibe
con alto contenido de arsénico
por carecer de agua potable
y por años
lo más probable es que tengas un cáncer:
en el páncreas, en el intestino o en la vegiga
y para eso no hay política que cambie las cosas.

Genealogía del cáncer

Empezó la má con sus durezas
que no quizo mutilarse
y después el pá
con sus quemaduras en el sexo
por eso todo
un grano
un estornudo
una manchita
asustan
porque duele acá en las entrepiernas
el encapsulamiento líquido que crece
duele desde anoche
tal vez porque anticipaba la noticia

la noticia
abuelito también ahora tiene cáncer
y la nona llora en el teléfono
como pidiendo una ayuda mágica
ante lo que es
el cáncer y su genealogía implacable
ahora en el intestino
como al tío en el páncreas
porque todo lo aquí dicho es inexacto
todo empezó quién sabe en qué orígenes
el tío tirado en la cama con un agujero en el estómago
y la morfina que la tía le daba a cuentagotas
y todos alrededor mientras cerraba los ojos
después de la última mirada panorámica
la má tendía la ropa
yo le dije
el tío
y moví la cabeza
y ella lloró desconsolada
y cruzamos el patio
y él nos dio la última mirada
porque el cáncer dicta

su genealogía fatal uno a uno
hasta que todos
todos

terminemos en la misma línea
como gladiadores o como Sísifo
según lo determine la moira de la sangre.

martes, 24 de abril de 2012

Gestione y compre. Humanidades (& Arts)

A l@s pequeñ@s inexistentes
;)

Hicieron el trabajo sucio
nosotros
colaboraron calladitos
pero hoy ya no somos nadie
antes sí
es que sin escritura
somos nadie
por decisión
expresa decisión
de la voluntad EN turno

y se reúnen (nos reunimos) 
y discutimos (discuten)

¿Para qué y por qué si somos nadie

¿Acaso hay una Bestia
que espera domesticada
para salirse del encierro

Falta poco
poco, sí
y la má siempre dijo
que no juguemos con nuestro fuego. 

Profesor Cristian Molina
Q.E.P.D. (2004-2012)
Auxiliar de primera (sin extensión de funciones).

jueves, 22 de marzo de 2012

Un pedacito más de El colibrí

El recorrido del colibrí era laberíntico. Había caminos que se bifurcaban plásticamente en parábolas. De las paredes salían escaleritas tan chiquitas que parecían hechas, en realidad, para alguna especie de animal enano. Los pasillos, a medida que avanzabas, se estrechaban más y más. Pero la sensación de encogimiento no se percibía por la música electrónica a todo lo que daba y por los microchips de las paredes que no paraban de titilar transportando una información indescifrable. Los números de las habitaciones estaban mezclados, para completarla, así que tuve que pasarme como media hora buscando el 78 hasta que finalmente llegué –y gracias a que le pedí un gps a uno que se estaba haciéndose hacer un pete en el pasillo.

La piezucha estaba buenísima. Reproducía una capilla de esas con vitraux estrafalarios. Esta tenía unos animalitos con cuerpos de frutas que se esparcían sobre un paisaje montañoso. Había seres con cuernitos y humanos mezclados como en una orgía de pájaros gigantes y naves o probetas gorditas zambullidas en un lago y en praderas. En el fondo, una cruz con una ranura donde se pagaba con tarjeta. La cama era una Biblia con sábanas de un alfabeto rarísimo. No había ventanas, sino un proyector que se ajustaba a la ambientación de la hora del día que uno elegía para la cogida. Y como condición necesaria, repetía el televisor, había que disfrazarse para que la mujer no se enamorara. Una careta de pájaro colgaba de unos ganchos en la pared. Me la puse. Parecía el pájaro loco.

domingo, 12 de febrero de 2012

Gato caza-palomas

Anoche en el tejado escuchábamos sus garras

y después

gritó como una Furia bajo la luna oscurecida

Hoy

mientras la vereda y las hojas caían

sentimos –oigan– un gran aleteo apagado en palmas sobre el polvo del pavimento

porque allá

del otro lado de las rejas

el Gato Caza-Palomas a los giros en el aire

como un tigre bonsái con ganas

mordía una torcaza con las alas paralizadas

-en puntas tiesas celestes al celeste-

y con soberbia alardeaba

frente a un grupete de pequeños gatitos domésticos que lo cortejaban

como un Aquiles con su botín de la victoria

y acá

el pánico

que nos cerraba puertas y ventanas

de noche

atraviesa mis ojotas en el tejido mosquitero roto

porque mi hijo-paloma duerme y puede ser mordido

y puede terminar desplumado

o peor

ser el botín de prestigio del monstruoso Aquiles

pero no

no será así

a pesar de que ahora

mientras él pide comida

afuera se sienten los ronroneos

allá del lado de la ventana los cipayos obsecuentes le marcan

la próxima delicia

y él

tirado –estirado– en el césped de la vereda

se lame las garras como una esfinge de oro

pero no

no podrás

oh, Gato Caza-Palomas

nunca

con nuestro hijo-paloma

lo domesticaremos para la batalla con tu raza soberbia

como el maestro de Karate-Kid

como Panglos con Cándido

como Panurgo seremos

y no podrás

a pesar de tu burla

tu exhibición enfrente de nuestras narices

no

ganar esta guerra

él será su victoria

y a pesar de que hasta tal vez un día

-el riesgo de la paternidad es inevitable

-como hoy mismo

mientras desafió volando fuera de la caja-nido

trepando por mi brazo asustado-

termine con sus maestros devorándonos a picotazos

como en el sueño en el que se agigantaba

y trepaba a la cama

y de golpe se tiraba sobre todos y se tragaba con su insaciabilidad

el mundo.

martes, 10 de enero de 2012

Universos


La pelota de Quico sobre el agua

da vueltas de izquierda a derecha

suspendida y siniestra en la visión a ras de la pileta

no hay reflejo de las estrellas

apenas un flotador de cloro que se hunde

y un colchón inflable con el que hace tope y desanda el camino

incesante

hasta volver a cerrar el círculo perfecto

arriba pasa un avión

o es algo

una luz redonda y fugaz que desaparece detrás de las ramas del ombú atravesado por un tapial

de nuevo esas luces que nos persiguen

en semicírculos

desde chiquitos

cuando ella destendía la ropa y todo fue fluorescente

acá dicen que en Victoria se ven

esto no sé qué fue

apareció y desapareció de golpe

mientras la pelota de Quico recomenzaba su danza solemne

y un viento nos pendulaba en la hamaca

al costado de los grillos

y esa pelota que no paraba

pero nosotros queríamos volver a ver

reconfirmar

aquella escena lumínica

y no.


El universo hasta ahora parece ser así

tiene repeticiones con un vértigo horroroso

pero nosotros

solo queremos siempre retener lo que sucede una sola vez y se agota.

jueves, 5 de enero de 2012

En septiembre no fuiste mí@

A Caro Rolle y Melina Almada

Era la sensación de tener los ojos achinados. Apenas un hilo cortaba la visión entre dos rectángulos oscuros. Como esos televisores blanco y negro cuando se les agotaba el tubo y quedaban cortados en la mitad -o más cerca, como el lcd; pero con la imagen serruchada. Así fue como caí en la cobija que habían tirado en el césped. Éramos chicos. Tal vez teníamos unos 16 o 18 años. No lo recuerdo bien -nunca se recuerda bien, por suerte. Y era el día de la Primavera en el Club Leones. La pileta inmensa flotaba bajo el arco. O algo así -tal vez en realidad era al revés, pero la visión era esa. De repente apareció un profesor del secundario. Intentaron esconder las botellas plásticas de gaseosa Sidney cortadas con un tramontina y repletas de fernet - ¿para qué?, decían, si no estamos en la escuela y no puede decirnos nada. Yo seguía tirado en la cobija. Cada tanto sobrevenían arcadas violentas. Pero era tan linda la sensación del delirio, del vuelo, que le importaba un carajo todo. A veces, sentía patadas en la espalda o en el estómago. Todavía le parece que uno de los jujeños del internado del IPEM le decía que deje de mirarlo con bronca, que quién se creía él, que si tenía un problema podían solucionarlo. También creyó vomitarle la zapatilla y entonces otra patada. Pero era pura sensación o, más bien, quién sabe, tal vez era eso lo que estaba sucediendo. Él sentía que las hormonas estaban sueltas, que una selva perfumada nacía en los alrededores, que podía ser Súper Man. El profesor quiso levantarlo para sentarlo en una mesa. Que lo dejen dormir -gritaban todos. A él no le importaba. Sentado o no, iba a seguir siendo ese en el que se había transformado. Se levantó, chueco y sonriente y asentó los codos en la mesa. Casi llora por las palabras del adulto. Allá sonaba la música. En el pañuelo escenario del parque. Todos bailaban y andaban con vasos, jarras, conservadoras, botellas cortadas con tramontina en la mano. En el lado izquierdo su hermana se revolcaba a los besos con el Otro. Porque en septiembre tú fuiste mía y ahora todo es melancolía. El Otro lo miraba y le decía algo que a él le provocaba risa. Hoy septiembre no es simplemente otro mes, sino todo lo que más amé. No podía contenerse y, por eso, salió una sonrisa tan siniestra que todos se asustaron. El adulto profesor huyó despavorido. Los demás se escondieron detrás de los asadores. No le importaba. En el fondo, no le importaba el malestar por ese beso que el Otro quería provocarle a propósito. Él tenía un Súper poder y lo que el Otro necesitara le chupaba un huevo. Entonces comenzó a caminar hacia el escenario. Era la primera vez que se sentía el Niño C, aunque todavía no lo habían llamado con ese nombre. Le robó una botella cortada a una pelotuda que se hacía la linda. La piba lloraba como rana destripada. Él la miró profundo y dio largas bocanadas de eso, hasta tragarse lo que pudo; con lo que no pudo, se hizo una ducha y se la tiró en el cuerpo.La piba le decía a los gritos hijo de puta y lo agarró de los pelos. Le pegó un empujón que la dejó tirada sobre el césped y subió la rampa del escenario como quiso. A los saltos. Lo miraban todos. Y a él le encantaba. Uno rubio se acercó y lo sacó a bailar. El rubio no sabía que estaba en plena metamorfosis y le podía ir mal. Uno de los morochos lo miraba mientras bailaba con su novia. Le ostentaba su novia y le ponía una carita de lástima. Pensaba que estaba con ella porque él lo había dejado cuando no subió a la trafic en la que lo persiguió por el remordimiento de haberla besado delante suyo en la disco del pueblo. Ahora lo miraba con un dejo de impotencia o, tal vez, de haber perdido eso que el Niño C provocaba en el escenario. Le hicieron una ronda. A él y al rubio y los dos bailaban como marionetas sin sentido, con los hilos cortados y flotando en el vacío del universo. Así, así. Hoy parecía que era la monotonía. Volvió a sonar esa música del mes. Todo el día esa música del mes. Y los bailarines se dispersaron y desarmaron la ronda. Las caderas hacían pasos extraños. El Pato Lucas locutor agitaba la hueste. Lo nombraba por el micrófono y él sentía la energía subir cada vez más. Más y más y más. Era feliz. El rubio le insinuaba cosas en el oído que no entendía o no quería entender. El otro lo miraba con la cabeza gacha desde allá, al fondo de los asadores. Había agarrado una jarra y se la tomaba solo. Un trago y lo miraba. Otro más y lo miraba. Todo el tema así. No le importaba. El rubio le daba algo de su jarra. Era tan fea que agarró y se la tiró en la cara y cuando el otro le quiso pegar, agarró y le metió una piña que lo dejó tendido entre la gente que bailaba. Nadie vio nada. Al pibe lo pisaron un poco y se levantó. Ni siquiera la policía se dio cuenta. Y él se bajaba del escenario, con un salto que atravesaba las vallas de seguridad, la zanja del cableado, la pasarela hacia el público. Un salto tan imponente que la gente paró de bailar y lo miraba asombrada. No lo podía creer. Y entonces tuvo ganas. Se acercó al Otro triste, deprimido, sentadido en su banquito y sin muchas vueltas, sacó su pija y lo meó de arriba hacia abajo. Al final me tiré en la cobija y durmió tanto tanto que cuando me desperté no paraba de reírme. Tenía olor feo; pero en septiembre había sido feliz.

martes, 13 de diciembre de 2011

La Tía

A Alejandrina Cirila Filomena Martinez
nuestra má

Le pusieron el vestidito con flores negras sobre un fondo blanco
ella parece no estar
dicen que se fue se cortó desconectó profundo
¿pero la gente se va
¿desaparece
¿o qué
¿qué mierda es la muerte
¿una cruz iluminada
¿el cajón con un perfume berreta
¿el salario del cura que dice trabajar sin trabajar
¿el rosario de los feligreses
¿o los llantos de la má de la nona de la chuchi de todos
¿qué
por ahora no lo sabremos
pero sí que la Tía se murió
de hambre y de sed
porque hace veinte días que no
solo suero
y ni nos reconocía
con los ojos vidriosos perdidos
a pesar

del nuestro
y de las mamaderas que nos dio a todos
la Tía Chichina Chichinola
suspiró mientras intentaban darle el yogurt que no podía ni tragar

Tal vez la muerte sea
eso
la interrupción mecánica de la posibilidad
o la cara hinchada con unos puntos toscos en la comisura de los labios

Y ahora
si ella no está
y se fue -como aseguran-
será a lo mejor nuestra Santa Gilda de los cielos
y su voz irreproducible se quedará
cantándonos en los oídos canciones de cuna
y el escenario será gigante
y todos aplaudiremos el espectáculo
de coreografías y escenografías impactantes
mientras las luces caerán en rayos de colores sobre nuestro dolor
para alegrarnos
-como siempre-
la poca vida que nos dieron

y si no
si ella no está y no se fue
apenas cierren la tapa y la dejen en el fondo
su imagen se borrará
como su cuerpo en el tiempo

y a lo mejor ni eso
porque puede ser que como quisiéramos
se haya encontrado con él
y después de diecisiete años
le toque el pelo sobre la mesa de la cocina a través de la ventana con olor a tuco
y el reencuentro entre nubecitas de cotillón
nucleará a conocidos y desconocidos en la gran comilona de la Tía madre
que estará de fiesta

pero esto es pura imaginación
porque ella -o lo que quedó
está ahí
tiesa con su vestidito de flores negras
y nosotros a su alrededor
como los acordes que acompañan una canción triste
mientras se termina la pista y se apaga la voz.

viernes, 2 de diciembre de 2011

El colibrí - avance de la novelita

El paisaje parecía un elástico tornasolado. Apenas convulsionado por un oleaje leve que se sometía a un ritmo de flujos y reflujos que sin embargo avanzaba siempre. Por eso, toda vez y ninguna nos mojamos en el mismo río. Todo era plenitud de vacío. Porque el silencio llegaba a través de las luces de las cavernas que se derramaban sobre las barrancas. Las ciudades estaban ahí inmóviles para la visión, pero tan móviles en las respiraciones sincrónicas de sus habitantes que lo único que podía sentir era una contradicción profunda que devino angustia. Como un túnel en la soledad de la noche flúor. El camión tenía leves descensos para mantener las coordenadas del vuelo. A veces, nos cruzábamos con algún que otro viajero nocturno y eso era como un alivio que duraba segundos. Un chisporroteo. Digamos, unos breves instantes desde que el puntito de luz se tornaba colectivo, camión o auto y pasaba por el costado, allá lejos, flotando sobre el río. Después nada. Y entonces el tablero se encendió de golpe y la voz de Maldoror comenzó a cantarnos la justa:

-No hay nada mejor que el sexo para la depresión en el viaje. Los Señores recomiendan que baje en el próximo colibrí. Allí hay mujeres majestuosas y pendejas calentonas. Usted quedará aliviado y evitará un suicidio inconsciente por la sensación melancólica de una pérdida que no existe. Después de todo, su infancia, buena o mala, siempre viaja con usted.